acabaré como él?...me pregunto si me desdoblaré en mi "yo" tímido y reservado que se exalta por dentro y en el psico-killer elegante a la vez que mortífero.
diario de un estudiante poco agradecido:
es la hora de pedir clemencia. es el momento idóneo para desenterrar la imaginación. despiertan las ganas de caminar y no descansar ni un segundo...he cogido el macuto, repleto de material que me sacie durante días de incesante búsqueda incomprendida...he elegido el tiempo justo para despegar y no reparar en la caída: donde surja, es mejor.
hoy la tierra ha estado perfecta. las pocas gotas que han asomado la mirada por el girón de nubes se han precipitado en confeti de luces empapadas. me he puesto la capucha y he huido al cobijo de un árbol pensado a tiempo antes de acabar busca
ndo tesoros. ya que todo estaba en mi imaginación, mis zapatillas se han llenado de corales y él árbol de mi mente se ha quebrado por cinco partes sin flotadores con los que mantenerse a flote. yo he seguido mi camino a pesar de la humedad que ha trompicones me ha hecho descender bruscamente en busca de tierra que aspirar.
hace una hora más o menos, la sombra de las notas musicales que entonaba la noche me han recluido en una cabaña muy mal contruida por mi nulo interés por las chapuzas hogareñas. una placa metálica y varios palos han sujetado una estructura amorfa que me hizo levantarme sólo cinco veces en siete horas...
retomo la marcha. 23 de marzo del 2013. barro en mis suelas y un olor a hoguera que debe de pertenecer a otro mundo, porque no veo nada. será por la niebla: es inmensa, me atosiga la garganta y me estrangula las ganas de palpar nada, incluso de mirar. he salido de la parada de media noche a tentón y tocando aire espeso que ha difuminado el camino y lo ha vuleto abstracto. por ello, mi camino es un dibujo, trazado por el subconsiente y la ansia de seguir aún con las zapatillas atsacadas en tanta incoherencia.
los pasos se perdían entre tanta bruma descompensada...el sol comenzó a agrietar la superficie nebulosa y los sonidos se percibieron con más claridad. un alarido, caliente, que llamaba al hombre de la guadaña para finalizar su agonía bajo ese tronco astilloso que volvía guturales las llamas de la garganta de aquel pastor alemán de apenas cinco meses. no quería detener mi camino, pero una lágrima empañó sus ojos y me apresuré a acabar con todo aquel dolor. pronto, se vio libre y me chupó la cara hasta dejar su lengua reseca y huir en busca de un refrigerio. yo, con la cara ardiendo por las babas del animal, continué la marcha y de momento, aquí me quedo.
diario de un estudiante poco agradecido:
es la hora de pedir clemencia. es el momento idóneo para desenterrar la imaginación. despiertan las ganas de caminar y no descansar ni un segundo...he cogido el macuto, repleto de material que me sacie durante días de incesante búsqueda incomprendida...he elegido el tiempo justo para despegar y no reparar en la caída: donde surja, es mejor.
hoy la tierra ha estado perfecta. las pocas gotas que han asomado la mirada por el girón de nubes se han precipitado en confeti de luces empapadas. me he puesto la capucha y he huido al cobijo de un árbol pensado a tiempo antes de acabar busca
hace una hora más o menos, la sombra de las notas musicales que entonaba la noche me han recluido en una cabaña muy mal contruida por mi nulo interés por las chapuzas hogareñas. una placa metálica y varios palos han sujetado una estructura amorfa que me hizo levantarme sólo cinco veces en siete horas...
retomo la marcha. 23 de marzo del 2013. barro en mis suelas y un olor a hoguera que debe de pertenecer a otro mundo, porque no veo nada. será por la niebla: es inmensa, me atosiga la garganta y me estrangula las ganas de palpar nada, incluso de mirar. he salido de la parada de media noche a tentón y tocando aire espeso que ha difuminado el camino y lo ha vuleto abstracto. por ello, mi camino es un dibujo, trazado por el subconsiente y la ansia de seguir aún con las zapatillas atsacadas en tanta incoherencia.
los pasos se perdían entre tanta bruma descompensada...el sol comenzó a agrietar la superficie nebulosa y los sonidos se percibieron con más claridad. un alarido, caliente, que llamaba al hombre de la guadaña para finalizar su agonía bajo ese tronco astilloso que volvía guturales las llamas de la garganta de aquel pastor alemán de apenas cinco meses. no quería detener mi camino, pero una lágrima empañó sus ojos y me apresuré a acabar con todo aquel dolor. pronto, se vio libre y me chupó la cara hasta dejar su lengua reseca y huir en busca de un refrigerio. yo, con la cara ardiendo por las babas del animal, continué la marcha y de momento, aquí me quedo.

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